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Deportes 02.03.2016

OSELLA CORTÓ UNA RACHA NEGATIVA DE 16 PARTIDOS EN LOS QUE NEWELLS NO REACCIONABA

En el debut 1 a 1 de Osella ante Unión los rojinegros cortaron una racha nefasta de 16 partidos en los que si el rival abría la cuenta, Ñuls siempre perdía. Un grave problema de confianza.

Por: Agenciafe/La Capital /

 Apenas lleva un puñado de entrenamientos y un solo partido oficial al frente del equipo, pero el inicio del incipiente ciclo de Diego Osella en Newell’s ya entrega un dato que lo diferencia sustancialmente, no sólo de su más reciente antecesor Lucas Bernardi, sino de los DT que estuvieron anteriormente sentados en el banco de suplentes del club rojinegro. Y es que en los últimos 16 meses (16 partidos), aunque parezca mentira, a la Lepra cada vez que le anotaron un gol con el partido 0 a 0 jamás había podido ni siquiera empatar y en todos los casos terminó perdiendo. En este contexto de nula reacción, lo positivo para Newell’s es que en el debut de la gestión de Osella esta racha nefasta se pulverizó. El pasado fin de semana ante Unión sí hubo rebeldía anímica y futbolística porque a pesar de que el tatengue se puso rápido en ventaja no tardó en llegar el empate de Ignacio Scocco y el cotejo terminó 1 a 1. Este puede puede ser el primer paso de la recuperación, que llevará tiempo, que tendrá pasos hacia adelante y hacia atrás, pero que no puede postergarse más.
  Está claro que las rachas a veces son un cúmulo de hechos fortuitos, pero este caso puntual ilustra que Newell’s en los últimos tiempos se convirtió en un equipo que ante el primer impacto del rival o la primera turbulencia que le ofrecía el partido quedaba encerrado en un laberinto sin salida. Un defecto de los más nocivos que puede tener un equipo. Que es sentirse vencido cuando le agitan la red del arco propio sin importar cuantos minutos de juego se llevan disputados. Lo que está clarísimo es que además de las cuestiones tácticas y estratégicas que tiene como defecto Newell’s, este plantel arrastra una falta total de confianza en cada uno de sus jugadores.
  “Un equipo es un estado de ánimo”, es una de las frases magistrales del ex jugador y entrenador Jorge Valdano. Y no se puede negar que en los últimos tiempos el ánimo de este grupo de jugadores luce resquebrajado. Porque perder cada vez que un rival te hace el primer gol de un partido no es normal en un equipo que se precie de ser competitivo y pretenda ser protagonista.
  Y acá, más allá de todos los entrenadores que integraron esta racha negra, lo concreto es que se destacan los nombres de Américo Gallego y Lucas Bernardi. Porque ambos con sus marcadas diferencias de estilo no pudieron corregir esta situación vital de levantarle el ánimo a la tropa. El Tolo con toda la experiencia en el lomo, con su pasado de haber sido campeón como DT en el club y con la idea futbolística de tener un equipo compensado, jamás le encontró la vuelta a la cuestión y se fue sin pena ni gloria. Mientras que Lucas Bernardi, un entrenador debutante de la misma generación que muchos de sus entonces dirigidos e identificado con el juego ofensivo, tampoco pudo elaborar respuestas certeras, el equipo lució confundido y debió dar un paso al costado en el amanecer de este torneo.
  No hay dudas de que Newell’s tiene algunos jugadores de jerarquía en el plantel y que puede tener un presente mejor al que atraviesa, pero lo cierto es que la primera misión que tiene por delante Diego Osella es cambiarle la cabeza a sus jugadores. Levantarles la autoestima, fortalecerles la faz anímica y recuperarlos desde lo mental. Debe ser como una especie de psicólogo de un grupo que viene muy golpeado. Al punto que al rival le alcanzaba con meterle un gol para terminar ganándole el partido.
  Lo mejor que le ocurrió a Newell’s el último fin de semana fue que si bien no ganó ante Unión, si supo reivindicarse y salir a flote luego de la apertura del marcador por parte del tatengue y hasta dispuso de algunas chances para quedarse con los tres puntos. Este puede ser el punto de partida de la recuperación anímica y futbolística leprosa. Diego Osella ya puso manos a la obra y tiene un arduo trabajo por delante. No es tarea fácil.
  Conseguir un buen funcionamiento el viernes ante Lanús y un resultado óptimo serviría muchísimo para comenzar a despejar de a poco los fantasmas. Los cambios no se dan de un día para el otro.