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Prof. Mg. María Luisa Miretti
Prof. Mg. María Luisa MirettiProfesora Magíster en Enseñanza de la Lengua y la Literatura.
Coordinadora de la Maestría en Literatura para niños, Facultad de Humanidades y Artes (UNR).
Da Charlas, Talleres y Seminarios de Literatura para niños y alterna sus actividades con la crítica literaria y la escritura.
Ha escrito varios libros relacionados con su especialidad y ha obtenido numerosos galardones nacionales e internacionales por su producción literaria (ensayo y ficción).
Dirección de contacto: mlmiretti@gigared.com
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19-06-2012 - 05:14

LAS BRÚJULAS DE LA BOHEMIA

LAS BRÚJULAS DE LA BOHEMIA Cuando Editorial La Bohemia lanzó al ruedo estas brújulas tan originales, las turbulencias sacudieron el planeta, pero rápidamente se recuperó el rumbo y casi con el mismo magnetismo aparecieron historias extraordinarias recuperadas en las voces de lengua Mapuche (Chile), Mapuche y Quichua en Argentina, en Guaraní (Paraguay), Aymará (en Bolivia), sin perder de vista el oeste con el Quechua de Perú o el Shuar de Ecuador, los Pueblos del Llano de Colombia, o el Wayuú de Venezuela, por dar apenas algunos ejemplos.


Desde esta propuesta tan insólita, lo primero que surge en la BRÚJULA OESTE es el interrogante


¿Listo para el viaje? Y casi sin darnos tiempo, nos dicen: Te estábamos esperando y a continuación.


‘Transitaremos a lomo de historias corriendo de sur a norte por la cordillera de los Andes para conocer el oeste de Latinoamérica: los pueblos del llano y las montañas, los quichua, los shuar, los chibchas, los nasa y wayuu.



¿Oís? Los guías ya empezaron a contar historias de amor, miedo, aventuras, heroísmo y amistad.



Vení, subite. ¡Ya está por arrancar!



Y desde allí, luego de pasar por la Introducción y de conocer de qué se trata la Serie de Brújulas con que nos ha sorprendido Editorial La Bohemia, podemos disfrutar de:



- El Amarú (Ecuador), por Francisco Montaña


- Tras los pasos de Carrao (Colombia), por Mónica Melo


- El tejido del wayuú (Venezuela), por Germán Machado


Para luego husmear un poquito en los ‘viajeros’ que nos guiaron.



En la BRÚJULA SUR la propuesta es similar y los planteos también, la diferencia está en las regiones que transita, ya que recorre el Sur de Latinoamérica por las naciones Mapuche, Quichua, Aymará y Guaraní y desde allí podemos disfrutar de:



La Introducción y las características de la Serie y:



- El amigo de Trentrén y Kaikai (Chile), por Germán Machado


- Kakuy (Argentina), por Lydia Carreras


- Ñandutí (Paraguay), por Mónica Melo


- El Ekeko del pueblo (Bolivia), por Mario Lillo


Y como siempre, terminamos husmeando en los ‘viajeros’ que nos guiaron.



Como todas las leyendas, estas historias testimonian la cultura de familias y civilizaciones ancestrales. Cuando hablamos de identidad cultural, no hace falta buscar testimonios afuera sino en estas demostraciones, ya que son la mejor y más pura demostración de lo que hacían y creían las primeras civilizaciones que habitaban nuestras tierras.


Civilizaciones cuyas formas de comunicación, de ver y de expresar se infieren y se interpretan a partir de estas historias, quizás ya contaminadas por la presencia del conquistador que traían consigo su bagaje o su impronta personal.



Recordemos que de la mixtura de ambos nace nuestra forma de ver y leer el mundo que nos rodea.



Estas Brújulas, que con tan buen criterio han salido al ruedo de la mano editorial de La Bohemia, se completan con el resto de los puntos cardinales (Norte y Este) y sus respectivas historias, pero no las contamos así los dejamos con la intriga, sólo adelantamos que todas son extraordinarias!



Las brújulas por definición son instrumentos de orientación y estos libros cumplen dicha finalidad, ya que sientan las bases de la identidad latinoamericana.-



María Luisa Miretti



Un pequeño adelanto que nos regala la editora Valeria Sorín, a quien le agradecemos!!!!



GUARANÍ/PARAGUAY


Los puntos del ñandutí no se corren. Si alguno se corta, no se deshilacha. Dicen los que saben que la técnica del tejido que enorgullece al pueblo guaraní es tan valiosa porque imita a la araña.



Delicado y suave como se lo ve, ¡quién diría que despertó tanta pasión y tanta furia!



ÑANDUTÍ, por Mónica Melo



- Maitei nde pyhar ñandyporâ, po pytyvô aipotajetavy’o pe pya nde ñanduti.


Arami me mira y espera una respuesta.



Arami, la anciana que conoce otros mundos metidos en éste, la única que se inclina cuando me ve trabajando, enredada y con sed al mediodía. Pobrecita, ya no consolará a un guerrero enamorado sino a un hijo, Chavuku, ahora ladrón y asesino.



Suavemente, repite como si orara:



- Maitei nde pyhar ñandyporâ, po pytyvô aipotajetavy’o pe pya nde ñanduti.



Ocurre que hay una guerra por una mujer. Porasy se llama. Ella es la hija de Jára, el chamán bendito que mastica tierra y escupe raíces que alimentan y cura. También ella es poderosa y soberbia como el brillo de las piedras que brillan porque son oro, que matan porque están muertas.



Porasy ha dicho que al guerrero que le entregue lo que exige le entregará hijos de luz y lluvia, además de mbeyú con chipá caliente y cocido en cualquier merienda. A cambio pide como ofrenda un objeto tan perfecto que sus ojos lo codicien, aunque ya sea su dueña y tan frágil que disuelva hasta el corazón de un amante.



La vida es hilo nuevo que va anudando instantes con sangre, amor y miedos que aquí se enredarán.


Vendrán hoy dos guerreros, hay odio en una lanza.


El otro la ver mi tela, feliz, despertará.


Pide como ofrenda un objeto perfecto. Y todos los jóvenes se lanza en su búsqueda.


- ¡Ahí está! ¡Entre los árboles! ¡Ése es mi objeto! Exquisito, bendición de agua y polvo, sortilegio de ramas tejidas en cal, lirios y estrellas. ¡Tupá Dios te bendiga, próspera artesana! –exclama Kuarahy, el hijo de Ñambi y Arandu (¡ay!, si todavía vivieran).



Kuarahy ama a Porasy desde niño y ha visto con pasión la ofrenda que la conquistará. Despacio, conteniendo el aire y el latido, levanta su brazo para alcanzar mi espiral de seda y luna. Yo lo dejo hacer, bien sé que hay otra tela más fuerte que la mía y algo atrapará.



-¡Eso es mío! –amenaza un grito.



Kuarahy vuelve los ojos locos y siente un relámpago que lo tira al cielo. Es la lanza de Chavuku.



Detrás de un lapacho, el hijo de Arami también ve mi red y desespera. Quiere robarle la ofrenda a Kuarahy y le arroja su lanza a la rodilla.



En ese momento, el joven da un salto hacia el barro y cae.



Iluminado por la luna albina y sintiendo que todos los hilos se le cortan dentro, Kuarahy entiende.



Lo sabe todo por primera vez. Agarra ese dolor que lo lacera y, cortándose las manos, entiende que lo que no ve de lanza se estaqueó en su cuerpo, que la madera es carne y que por eso la saliva tiene un sabor ronco y morado. Entiende de pronto todas las palabras que le dijo su madre en la noche irrepetible, los gestos en la cara de su padre cuando le habló del valor y del cansancio de tener valor, y de la misma muerte. Recuerda cuando el anciano levantó la mano y lo llamó “guerrero”, y lo abandonó en el río y tuvo que buscar descalzo durante tres días, solo y con hambre, el regreso. En cambio Kuarahy no comprende su mala puntería, no entiende la rigidez de las hojas, ni la tormenta, ni el “nunca” que acaba de hacer. Un golpe brutal de miedo lo hace saltar sobre Kuarahy y arrancándole mi tela dice: “Esto es mío.”



Vinieron dos guerreros, uno arrojó su lanza.


El otro al ver mi tela, entendió y despertó.


Mis ojos de tierra lloran por el muerto


y también se rompen por el que mató.



Ella exigió como ofrenda un objeto perfecto.



Pasa esta luna para que pase el tiempo pero no hay un solo momento de descanso para Chavuku.



Su madre, Arami, percibe las horas desandadas de insomnio y llanto y le pregunta qué le ha robado la calma. Chavuku le cuenta lo que ha hecho.



- Quise robar el objeto más bello para Porasy, mamá, juro que quise tomarlo de las manos de Kuarahy, pero se deshizo entre mis dedos. Mamá, ¿cómo habrán visto mi crimen los ojos de la amada selva?



La madre hace un silencio, denso como la misma muerte, y regresa a la culpa de su hijo para que la guíe hasta mi lugar. Aquí, para admiración de los dos, está de nuevo el objeto anhelado: mi tapiz de sol y danza cuelga entre los árboles. De Kuarahy, en cambio, sólo ha quedado la sangre oscura que bebió la tierra y también la caída, debajo de sus sandalias. La madre le pide al hijo que la espera en su casa, ella permanecerá allí hasta lograr hacer una tea como aquella.



- Usted me espera en casa; aunque me tarde, me espera.


Ahora que está a solas conmigo, me habla por primera vez en la lengua guaraní, que siempre es canción.



- Maitei nde pyhare ñandú porâ, po pytyvô aipota jetavy’o pe pya nde ñanduti.



La anciana dobló su rostro y me pidió que le enseñara a tejer mi ñandutí. Dijo mi nombre con tal dulzura que toda la selva se conmovió por el ruego. Yo siempre supe que habría de ocurrir ese encuentro, por eso contesté.



- Dulce y querida Amari, la sangre de Kuarahy es un círculo, la ira lo abrió; el perdón es la aguja que lo volverá a tejer. Te daré mi secreto porque siempre me has bendecido y respetado, porque interpusiste tu cuerpo más de una vez entre la lluvia y mi ñandutí. Te enseñaré cómo hacerlo para que la selva y el corazón del hombre regresen, cada vez que lo tejan, a un instante de preciada dicha.



Primero busca el cimiento, la semilla del color, la risa.


Luego es arriba como es abajo,, pásalo de nuevo abajo.


La aguja, dos veces, tejido y filete se habrán de notar.


Es sabia la mano que levanta el hilo,


la otra por unirlos, no los separará.



Es así como Amari ve cómo tejo, uno y decido en qué lugar paso de nuevo un hilo por el revés de otro. Yo tejo la trama del árbol, sostengo su esencia y el árbol retoña sus ramas porque ambos nos queremos, nos amamos. Ahora es la anciana quien toma la hebilla de la sandalia del guerrero caído, arranca mansamente uno a uno varios de sus cabellos y teje como lo hago yo, imitando mis movimientos. Ese tejido reparará el estallido atroz, la herida que sangra entre las estrellas, el cielo y la selva. Ya terminada la obra, toma el ñandutí entre las manos y lo besa. Le da las gracias al árbol, a la luna y al tiempo del viento y de la vida.



Amari sonríe. Sabe que cuando su hijo toque e ñandutí, sentirá cómo su corazón le perdona aquella muerte. Aprenderá que el buen amor no pide ofrendas ni pruebas, sabrá que siempre el amor es dar. Chavuku seguirá contemplando el tejido blanco y los ojos caerán hacia el sueño u el sueño hacia la mansa red, el abrazo del Universo que lo devolverá, por fin, a su primera paz.-


 


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