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Prof. Mg. María Luisa Miretti
Prof. Mg. María Luisa MirettiProfesora Magíster en Enseñanza de la Lengua y la Literatura.
Coordinadora de la Maestría en Literatura para niños, Facultad de Humanidades y Artes (UNR).
Da Charlas, Talleres y Seminarios de Literatura para niños y alterna sus actividades con la crítica literaria y la escritura.
Ha escrito varios libros relacionados con su especialidad y ha obtenido numerosos galardones nacionales e internacionales por su producción literaria (ensayo y ficción).
Dirección de contacto: mlmiretti@gigared.com
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29-02-2012 - 11:53

Cuando los chicos leen a los grandes (o de cómo los grandes escriben para chicos).

 Cuando los chicos leen a los grandes (o de cómo los grandes escriben para chicos).

Cada vez que definimos el campo específico de la Literatura para niños insistimos en destacar que se trata de una literatura escrita por los grandes para los más chicos. Ahora bien, ¿qué secretas intenciones animan al autor? ¿Acaso desean bosquejar banalidades, rellenando al azar una hoja en blanco para un destinatario incapaz de distinguir entre calidad y estupidez?


Si comenzamos con este tipo de preguntas nos sorprenderían las múltiples y variadas respuestas que podríamos encontrar en el camino. Hay un autor que escribe y representa, a través de distintas situaciones simbólicas, las acciones posibles de ciertos personajes, en escenarios costumbristas o fantásticos, mediante una voz narrativa que afirma, niega, exclama o desea según la temática elegida, hasta decidir algún tipo de resolución. En este entramado, la literatura teje y desteje los recursos de una poética singular caracterizada por la estética, ese tipo especial de belleza capaz de conmover y hacer sentir al otro (lector/receptor) emociones y sensaciones infinitas que terminan recreando y ampliando la propuesta original.


No todos los libros que circulan en el mercado se caracterizan por ello. Algunos (muchos) entran en la más vulgar ramplonería para seducir al lector e infantilizarlo aún más (la estatura mental puede servir para múltiples y variados objetivos personales y colectivos).


¿Qué hacer? O dicho de otro modo: ¿cómo deberían proceder los mediadores, responsables de los libros que llegan a los receptores infantiles, adolescentes, juveniles y –por qué no- adultos? ¿Podría alguien enviar una respuesta de auxilio o ayudarnos a pensar dónde está el problema? Históricamente lo buscábamos por fuera de nosotros: la escuela, la TV, el mundo ciber, etc. etc. Cuantiosas y voluminosas propuestas han intentado acercarse al problema para resolverlo, sin embargo seguimos escuchando y observando más de lo mismo. ¿Se ha desviado el foco del problema entonces? ¿Hemos cambiado en algo? ¿Cuál es la actitud asumida por los responsables de turno frente a estos desafíos que involucran a todo el mundo adulto sin excepción (incluida la escuela, la TV y el mundo ciber)? ¿Qué hacen las instituciones públicas (escuela, bibliotecas) y privadas al respecto? ¿Qué hacemos los docentes? ¿Qué participación tiene el Estado? ¿Quién y cómo se supervisa esta problemática? ¿Mediante qué acciones? ¿Cómo se articulan dichas acciones? etc. etc.


No entraremos a discutir cuestiones académicas ni pretendemos verdades extremas o resoluciones apocalípticas. La cuestión pasa por otros carriles y va directamente al sujeto humano en formación: deambulador, niño, púber, quien cada vez se halla más indefenso en un mundo adulto cargado de violencia y de mentiras. ¿Dónde buscar entonces a los mejores referentes?


El mundo de los valores –tan declamado y buscado- es la esencia de la Literatura, que no necesita explicitarse sino –como tal- manejarse a nivel sugeridor, en función del mundo propio que va conformando cada receptor.


Cuando Juan José Millás (Valencia, 1948), en la piel de Juanjo (El mundo, Premio Planeta 2007) aprende a recorrer las calles y sus códigos, está aprendiendo a vivir, a compartir, a amar y odiar, desde una voz narrativa recreada por la visión adulta, que intenta armar el rompecabezas de su vida para compartir con los receptores de cualquier edad. Allí vemos cómo se transitan los distintos pasajes y cómo se va organizando el entramado textual del protagonista, hasta decidir su conducta y forma de estar en el mundo.


Cuando Amos Oz (Jerusalén, 1939), Premio Príncipe de Asturias 2007, en la piel de Sumji (La bicicleta de Sumji, Siruela, Fondo de Cultura Económica 2005) es un niño israelí que debe pagar distintos ‘peajes’ para acceder al territorio de sus pares (hasta la resolución del problema), estamos aprendiendo a sentir las emociones del protagonista al desprenderse de sus objetos y a comprender los códigos en los que se desenvuelven, lejos de la tutela adulta. De igual modo con Capitanes de la arena (Jorge Amado, Bahía –Brasil- 1912), reeditado por Losada -después de la censura-, podemos acceder a la miseria humana resignificada en una sociedad infantil que crece en la marginalidad a espaldas del mundo adulto.


Mempo Giardinelli (Resistencia –Chaco- 1947) en Celeste y la dinosauria en el jardín (Alfaguara 2007) recrea un mundo fantástico a partir de lo que ve una niña, respetando y potenciando ese imaginario. Graciela Bialet (Córdoba, 1955) en Los sapos de la memoria (CB Ediciones 2004) resignifica nuestro pasado a partir de la búsqueda de identidad de un adolescente, cuyos padres fueron exterminados por la última dictadura militar argentina. Osvaldo Soriano (argentino, 1944-1997) en El Negro de París (Seix Barral, 2005) reelabora las sensaciones de un niño que debe partir al exilio junto con sus padres dejando a su mascota, hasta que encuentra un gato con el que recorre los tejados de París y puede ver su patria desde la torre Eiffel. En La flor más grande del mundo (José Saramago, Azinhaga –Portugal- 1922) Alfaguara 2001, se revela la esencia de la literatura, la relación entre el autor y el lector a quien le explica lo que quiso hacer y quizás no pudo, invitando al niño o a la niña, a completar su tarea. Enrique Butti (Santa Fe, 1949), tanto en El fantasma del Teatro Municipal (Colihue), Sin cabeza y encapuchados (Colihue) como en El diablo mete la cola (Homo Sapiens) reúne la intriga y el suspenso del mejor policial hasta la comicidad de extraviados adolescentes en busca de emociones, o bien reactualiza historias milenarias, que seducen y enriquecen.


Este es apenas un puñado de títulos y de autores que hacen literatura, que respetan el lenguaje sobre el que montan sus historias y que tienen asentado en su propia cabeza el receptor a quien va dirigido.


Desde las primeras imágenes con las cuales se pueden inventar historias a los más pequeños (de 0 a 3), hasta los clásicos y los actuales, la consigna debería ser “leer y mucho”, para luego decidir y sugerir con criterio, sin quedar entrampados en las opciones del mercado.-


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