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[ 13.01.2013 18:16 ] » EN BUENOS AIRES

Nahin, el médico del milagro, inició su carrera en Santa Fe

El cirujano fue el que extrajo un clavo de ocho centímetros del corazón de un joven bonaerense. Repasó sus 10 años de trabajo en la ciudad y cómo realizó la intervención.

Agenciafe/Diario UNO | 

Nahin, el médico del milagro, inició su carrera en Santa Fe

Nahin Marcelo

 Marcelo Nahin es un cirujano cardiovascular, de 42 años, que saltó a la fama –sin proponérselo– al realizar una operación extraordinaria. El lunes pasado tuvo que sacarle a un muchacho de 19 años un clavo de ocho centímetros del corazón, una situación inédita en la Argentina y de la que se conocen sólo tres casos en el mundo (Estados Unidos, Polonia y Australia) que lograron sobrevivir a esa herida.


El médico nacido en Azul, provincia de Buenos Aires, hizo gran parte de su carrera profesional en la ciudad de Santa Fe. Sus estudios superiores los cursó en la Universidad de Buenos Aires. Además, hizo cinco años de cirugía general en el hospital Naval de Buenos Aires y después otros cuatro años de cirugía cardiovascular en la Fundación Favaloro. “Allí tuve el orgullo y el honor de acompañar al doctor René en los últimos años de sus cirugías. De hecho yo era el jefe de residentes cuando el doctor tuvo ese deceso tan conocido por todos”, recordó en diálogo con Diario UNO.


Nahin concluyó su formación en mayo de 2001 y a los dos meses el doctor Jorge Serrao lo convoca para trabajar en el sanatorio Garay de la ciudad de Santa Fe. En ese momento se buscaba a un profesional que pueda reemplazar al cirujano Alejandro Bertolotti, quien se había radicado en la ciudad, pero que en ese momento volvía a trabajar a Buenos Aires. Hoy Bertolotti es una eminencia en trasplantes en la Fundación Favaloro. “Es el número uno”, remarcó Nahin.


“En ese momento empecé a trabajar en el Garay y en el Instituto del Diagnóstico con la salvedad que yo nunca me radiqué en la ciudad, porque quería ver cómo evolucionaba el trabajo y tenía a mi mujer estudiando en Buenos Aires y tenía un hijo de un año. Empecé a viajar, iba y venía todas las semanas. Buenos Aires-Santa Fe conozco todos los medios de transportes y todas las combinaciones posibles, sólo me faltó hacer dedo”, graficó.


El profesional asegura que hubo un momento donde la cantidad de trabajo que tenía en Santa Fe lo hizo pensar en elegir a la ciudad para establecerse. “Pero nunca se dio”, dijo el cirujano que estuvo trabajando en el Garay hasta octubre del año pasado.


“En el Diagnóstico trabajé hasta 2005 y, mientras seguía en el Garay, se abrió la posibilidad del nuevo sanatorio de Servicios Médicos de Santo Tomé, donde me convocaron como cirujano de la institución y hoy sigo trabajando allí. Ahora que no estoy en el Garay viajo una o dos veces por mes”, aclara.


En su paso por la ciudad Nahin dejó su marca. “Hace cinco años hice la primera reconstrucción ventricular izquierda en la ciudad de Santa Fe. Fue una cirugía muy importante que fue pionera en la provincia. Operamos a un paciente que tenía el corazón todo infartado. Nosotros resecamos la pared, le pusimos un parche y el paciente anduvo bárbaro. Eso lo hicimos en el Garay”, afirmó.


Actualmente, Nahin se desempeña como cirujano cardiovascular del Programa de Trasplante Cardíaco en Hospital de Alta Complejidad en El Cruce Néstor Kirchner, de Florencio Varela, provincia de Buenos Aires. Se trata de un hospital nuevo, de cinco años de vida, y que recientemente fue galardonado como uno de los mejores cinco hospitales de Latinoamérica. “Es un hospital cerrado, no está abierto a la comunidad y sólo recibe casos para alta complejidad. Ahí recibimos los casos de alta complejidad de todos los hospitales de la provincia de Buenos Aires y de todo el país”, describió.


En ese nosocomio los servicios estrellas son neurocirugía, donde El Cruce es el hospital donde se opera la mayor cantidad de emergencias neuroquirúrgicas del país; y cirugía cardiovascular, donde “acabamos de hacer el tercer trasplante exitoso en noviembre y habíamos largado en julio de 2012”.


“Este hospital –aclara– no tiene traumatología, no tiene obstetricia, pero sí tiene terapia pediátrica para recibir los casos complejos. Es un hospital modelo y es un ejemplo de lo bien que está asignado el recurso económico”.

 

Preparado para todo
—La última operación,¿la afrontó como a cualquier cirugía o la vivió como una situación excepcional?
—Son casos extremadamente raros. Ésta fue una lesión con una pistola neumática lanza clavos. Esa herramienta, para que salga el clavo, tiene que estar gatillada y apoyada la punta. Dicen que es un vicio de los clavadores quedarse gatillados. Este chico estaba trabajando en una maderera de Cañuelas. A las 15.30, su amigo de toda la vida y compañero de trabajo acababa de armar un pallet y cuando se da vuelta con la pistola gatillada para dejarla sobre una mesa se encuentra con que atrás estaba este chico. En el movimiento lo toca con la pistola y se lo clava en el medio del pecho.


—¿Cómo se actuó en ese momento?
—Una vez ocurrido el accidente se lo lleva urgente al hospital de Cañuelas y se le hace una placa de perfil que es emblemática porque ahí se sospecha que el clavo está en el corazón. La gente de Cañuelas hizo todo muy bien. Primero porque no intentaron sacar el clavo. Si se lo sacaban se moría el paciente. Por otro lado, porque piden la derivación a un centro de alta complejidad. Averiguaron en La Plata y en un montón de lugares hasta que a las seis de la tarde de ese día nosotros aceptamos el caso y nos llega a las 11 de la noche. En ese momento se le hace una tomografía, lo que confirma que el clavo está dentro del corazón y en 40 minutos se arma la cirugía y el paciente está en el quirófano. Eso da la pauta de la organización que tiene el hospital. Se necesitaron dos especialistas en cirugía cardiovascular, un perfusionista de bypass que finalmente no se usó pero contábamos con un especialista para manejar la bomba de perfusión extracorpórea y dos instrumentadores.


—¿Con qué se encontró en el quirófano?
—Lo que se veía del paciente era un agujero muy chico en la piel. No se veía la cabeza del clavo y la herida estaba justo en el medio del esternón. Comenzamos la cirugía y nos encontramos la cabeza del clavo haciendo tope en ese hueso. Si ese clavo no hubiese tenido cabeza, habría traspasado de lado a lado el corazón. Lo que hizo que se frene fue la cara externa o cara superficial del esternón. El clavo, imagínese que se usa para armar pallets, al hueso lo pasa como a una madera. Lo atravesó todo y se metió como seis centímetros dentro del ventrículo derecho. Desde las 15 hasta las doce de la noche, cuando el paciente entró en cirugía, sacamos la cuenta, el corazón latió como 40 mil veces con el clavo adentro. Tuvimos que pasar la sierra con mucha salvedad porque era una cirugía inédita, nunca nos había pasado e incluso sólo hay cuatro casos en el mundo.


“Teníamos miedo de tocar el clavo con la sierra –reconoció– y romper aún más el corazón. Por eso la pasamos muy despacio y cuando llegamos al clavo, pasamos por un costado y pudimos abrir el esternón. Con eso vimos que el paciente tenía un cuadro que se llama taponamiento cardíaco. Estaba con 60-40 de presión arterial y estaba muy mal hemodinámicamente, estaba hipotenso. El clavo, si bien ofició de tapón, por los costados perdía mucha sangre. Si ponemos el dedo en un agujero podemos disminuir la salida de agua o sangre, pero igual se sigue perdiendo sangre. Cuando abrimos el hueso y sacamos los coágulos, la presión subió y se fue a 120, lo que mejoró mucho la situación”.


Luego continuó con la descripción: “Lo sacamos del taponamiento cardíaco. Ya habíamos resuelto eso, pero todavía teníamos el clavo en el ventrículo. Ahí lo primero que hicimos fue sacar el clavo y hacer un control digital del agujero, pusimos los dedos arriba del orificio.

 

Porque cuando sacamos el clavo el chorro de sangre tenía un metro arriba de la camilla. Luego pusimos una gasa”.


—¿Cómo hicieron para resolver esa situación sin la bomba extra corpórea?
—El corazón estaba latiendo, tirando sangre para todos lados y lo resolvimos de esa manera porque el corazón ya estaba bastante castigado. Lo que hicimos fue algo bastante innovador y no sabemos si está descripto en el mundo para reparar heridas cardíacas. Utilizamos una sonda de vesical, un recurso que sacamos en el momento. Esa sonda tiene un globo en una de las puntas y se utiliza para drenar la vejiga (se pone por la uretra para drenar orina). Pusimos esa sonda por el agujero, inflamos el globo que quedó adentro del ventrículo y tiramos de la sonda, ahí dejó de sangrar”.


“Hasta ese momento era una resolución momentánea porque no podíamos dejar al paciente con la sonda puesta. Pero eso nos dio tiempo para respirar un poco y para preparar el punto con parche que íbamos a dar. Con ese globo puesto dimos los puntos en el músculo y sin sangre. El ventrículo derecho es mucho más delicado que el izquierdo, por lo que si se hace mucha tensión con la aguja o con el hilo se rompe aún más, es como una gelatina. Luego, en una maniobra coordinada con el cirujano ayudante hice un seminudo, bajé el nudo y el cirujano de enfrente desinfla el globo, retira la sonda y yo cierro el nudo. Y se terminó el problema.


—¿Ese tipo de soluciones del momento surgen sólo en casos extraordinarios?
—Ese tipo de soluciones surgen en todo tipo de cirugías. El cirujano en su formación va adquiriendo recursos que va incorporando a su arsenal terapéutico. Un día va a un quirófano y ve algo y dice «Mirá qué interesante», y lo guarda en el disco rígido. Se aprende, se lee. Hay un escritor francés muy importante que se llama Paul Valery, que falleció en 1945, y, en 1938, en la Academia de Medicina de París él presenta un libro que se llama Discurso a los Cirujanos. Él tiene una frase en ese libro que es brillante y que dice: «El cirujano pasa de la perfección a la decisión, y de la decisión al acto en fracciones de segundos». Un acto de potencialidades terribles. De la perfección que está el agujero que está sangrando, a la decisión de lo que hay que hacer y al acto de ponerle la sonda y todo lo demás, son fracciones de segundos. Pero eso le pasa a todos los cirujanos.


“Un ejemplo puede ser el piloto de aviones de Estados Unidos que a la salida del aeropuerto de Nueva York se le mete una bandada de pájaros en los motores y aterriza el avión en el río Hudson. Uno dice, ¿eso lo estudió en algún lado, lo vio antes? Son recursos que cuanta más experiencia se tiene, a uno le dan más tranquilidad para tomar ese tipo de decisiones”, concluyó.

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