Las tragamonedas son un pac-man
SANTA FE: LA RECAUDACIÓN DEL CASINO SUPERÓ AL MÁS OPTIMISTA
Sólo en los 21 días de agosto iniciales, los apostadores que acudieron a la casa de juego santafesina dejaron alrededor de un millón de dólares en los slots machines.
06-10-2008 | 05:50 hs.
Autor: Agenciafe · Fuente: Agenciafe/Critica de Santa Fe
La clave es la playa de estacionamiento, siempre a la vista y concurrida. Todo el día tiene vehículos: caros, muy caros, y otros a punto de ir a la revisión técnica vehicular obligatoria, en cuanto sus conductores dejen de apostar.
Los santafesinos testean el impacto del Casino al circular por las avenidas 27 de Febrero y Alem, que bordean todo el predio donde funciona el Complejo Puerto Ribera, desde el 11 de agosto. Desde entonces, nunca cerró sus puertas.
Con datos contables oficiales y un poco de sentido común, se puede estimar una aproximación acerca de cuánto guardan las alcancías de las maquinitas tragamonedas.
El concesionario paga a Lotería de Santa Fe un canon mensual que tiene un componente fijo y otro variable. Al primer tipo corresponden el de las mesas de paño (son 36, de naipes y ruleta), con 15 mil pesos cada una: suman 540.000 pesos. La otra parte del canon cambia según haya más o menos apuestas. El 25% de cada centavo en las máquinas tragamonedas debe ir al Estado.
El titular de Lotería, Sergio Beccari, ha dicho que en agosto (desde el 11, el día de su apertura, hasta el fin de mes) el casino santafesino dejó un millón y medio de canon. Así es que –descontados los juegos de apuestas de mesa– quedan 960.000 pesos. Esa cifra sería la cuarta parte (25%) del total apostado. Por lo tanto, cabe inferir que el 100% que los apostadores dejaron en los slots unos $3.840.000, algo más que un redondo, verde y brillante millón de dólares.
Atractivas tragaperras. El bichito del juego pica a los apostadores sin horarios. En pleno día, por la tarde, a mitad del turno matutino de la administración pública provincial o de noche: la tentación tiene siempre sus puertas abiertas, decía la Iglesia santafesina y ahora algunos (incluso los que no saben ni la señal de la cruz) le dan la razón. Adentro, como en todos los grandes centros comerciales sabios para despertar deseos de consumo, se pierden las referencias sobre el paso del tiempo. En el sector lúdico no se cuelan el sol ni la noche. No hace frío ni calor.
Se puede salir de perdedor en fines de semana, en días hábiles y en –como dicen los españoles– fiestas de guardar. “Tragaperras” es el madrileño nombre de las maquinitas que aquí se devoran los vueltos y, en casos más graves, los sueldos.
En un intento por limitar la gula tragamonedas (slot machines, en inglés) los diputados provinciales, radicales y frentistas, Darío Boscarol y Leonardo Simoniello han hecho ingresar a la Cámara baja un proyecto de ley que pretende poner un horario a la timba. Es un aspecto que no ha previsto la norma que autorizó el funcionamiento de los tres casinos (en Melincué, Santa Fe y Rosario). El argumento más difundido –y el menos consistente– es que la rula distrae de sus obligaciones a los empleados públicos.
Desde el casino dijeron que si el proyecto se aprueba, accederán a restringir el horario, aunque –señalaron– los apostadores se vayan a jugar a otro lado.